El concepto de diseño general se basa en la idea de la individualidad dentro de un conjunto armonioso. Cada edificio cuenta con su propia paleta de colores y, de este modo, desarrolla una identidad propia sin perder el efecto de conjunto.
La inspiración proviene del casco antiguo de Leonberg, cuyas casas con entramado de madera se caracterizan por sus matices cromáticos diferenciados y sus proporciones características. Este enfoque creativo se traduce en un lenguaje arquitectónico contemporáneo. Las fachadas se distinguen por una estructura clara y serena. Un enlucido con textura de peine, estructurado verticalmente, confiere a los edificios profundidad y una sutil plasticidad. La gama cromática abarca desde cálidos tonos rojizos terrosos hasta matices verdes apagados, creando así un aspecto vivo, pero a la vez discreto.
Las superficies de los tejados y las fachadas están coordinadas cromáticamente, lo que hace que los edificios se perciban como volúmenes homogéneos y formen una sólida unidad arquitectónica.